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06 Jun La cultura del crimen

Solía decir Benito Juárez: a los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas.

La máxima retrata el perfil de un país que se define por una palabra: impunidad. La certeza de que es posible delinquir, violar la ley, torcer las normas, se nutre por el hecho de la ausencia de castigo.

Los datos mueven a consternación. En México, solo uno de cada cien delitos denunciados termina en cárcel. Subrayo la palabra denunciados. Muchos delitos simple y sencillamente no se denuncian. De los que sí, 99 quedan libres.
La estadística juega en favor del delincuente y de la permanencia de la cultura del delito.

Un segundo corte revela otro hecho escalofriante.

Más de la mitad de las personas que están en la cárcel purgan una condena por delitos patrimoniales menores a cinco mil pesos.

Es decir, lo poco que se castiga se ejerce contra quien tiene poco.

El delito no es delinquir: es no tener dinero para una defensa apropiada.

Por ello, cunde la alarma por la explosión de la corrupción en todo el país. Hay la certeza de que vale la pena el riesgo porque la posibilidad de ser procesado es bajísima.

Las cosas no cambiaron con la llegada de la democracia ni con la segunda alternancia. Hay casos todos los días. Además de los comentados en el video arriba, están la inmediata ratificación de Javier Villarreal, el señor de los moches, en la jefatura de la bancada panista en la cámara de diputados. También, el bochornoso caso de Cuahtémoc Gutiérrez, ex líder del PRI en la capital acusado de abusar sexualmente de mujeres. El único castigo inmediato que pende sobre él es la expulsión del partido, un acto que le debe tener muy consternado.